Zoología del Maratón

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Zoología del Maratón

Mensaje  FranChu el Miér Abr 20, 2011 4:34 pm

Navegando por Internet he llegado hasta el blog titulado "Luces y Sombras" (de Pepemillas, ahora también miembro de este foro), y en él he encontrado una serie de entradas publicadas bajo el título "Zoología del Maratón" que, además de estar muy bien escritas, me han resultado muy motivadoras. Por eso quiero compartirlo y, con permiso del autor, lo transcribo a continuación (es un poco largo, pero su lectura resulta muy amena):


NOTA1: Publico este trabajillo en el Blog ya a destiempo. No pude hacerlo en el momento oportuno, debido a que lo escribí ayer sobre la marcha y muy a última hora y sólo pude publicarlo en Facebook. A pesar de ello, creo que no pierde actualidad, por ser válido para cualquier otro Maratón venidero.

Dedicado a quienes debutan mañana en la distancia reina, y a todos quienes la van a correr y disfrutar en el Mapoma 2011.

Hace tiempo que quería hacer algo así. Ni siquiera llegué a escribir nunca la crónica de mi propio debut en Mapoma 2010. Era mi primer Maratón. Logré terminarlo, pero nunca llegué a escribir sobre ello. No desisto de hacerlo algún día. A pesar de ello, este trabajillo, contiene parte de mis propias vivencias de lo que fue el Mapoma del año pasado.

A cambio, dejo este pequeño boceto de ánimo especialmente a quienes debutan en la gran prueba de mañana.
Un fuerte abrazo para todos ellos. No soy quién para dar consejos, pero esta vez voy a dar uno por propia experiencia: Cabeza, mucha cabeza en todo momento. ¡En todo momento! En los buenos, para no disparatarse, y en los malos, para saber esperar con paciencia el momento de recuperar y remontar el vuelo. Por imposible que parezca, ese momento aparece siempre.

Y por último, cuidar la hidratación. En principio parece que el día no va a ser tan caluroso como lo fue el año pasado. Aún así, no os saltéis los avituallamientos si es posible.
Lo demás, está en vuestras piernas y en vuestros corazones. Vais a ser los reyes de la ciudad por unas horas.
Merecéis lo mejor. Disfrutadlo. ¡Sois los mejores, y Mapoma es vuestro!




Lo primero que sientes, es que te pica el gusanillo de la curiosidad por este deporte. ¿Qué es? ¿En qué consiste? Te vas metiendo poco a poco, compras tus primeras revistas, vas conociendo gente, el gusanillo va haciendo algo más que picarte, ves que este tipo de gente es más que gente, son amigos desde el primer día… y que lo serán para siempre. Amigos de verdad, de los que se comprometen y con los que se puede contar para cualquier cosa, y siempre con desinteresadamente.

Pruebas con tu primera carrera. Tal vez un cinco o un diez mil… Tal vez en tu debut, lo pasas hasta mal, y a pesar de ello te gusta, sientes que te gusta y que el gusanillo te hace pensar en mejorar para la próxima. Vas buscando la mejor manera de hacerlo, cotilleas planes de entrenamiento, vas leyendo y bebiendo de la experiencia de otros corredores, te vas metiendo en el mundillo multicolor de todo tipo de material para este deporte, te dejas seducir por la compra de tu primer pulsómetro, te ilusionas más aún…

Vas contrastando entrenamientos y ves que aunque pequeña, va apareciendo una mejora evidente en tu estado de forma y en tus tiempos. Te cansas menos y vas llegando más lejos en menos tiempo. Miras calendarios de competiciones y te apuntas de nuevo. La segunda carrera ya no es como la primera, has sentido que has dominado más la situación, o tal vez sí, pero te da lo mismo, porque sientes que también has disfrutado y estás listo para la siguiente. Y en esa te empeñarás en arriesgar un poco más porque sabes que puedes hacerlo.

Vas bien, le vas perdiendo el miedo a los retos, las carreras se suceden, decides enfrentarte a un Medio Maratón. Y te lanzas. Sientes que esto te llena más y más. Estás atrapado. Ya no hay vuelta atrás. El gusanillo te ha devorado por completo. Trazas recorridos en casa con ayuda del ordenador y mapas por satélite. Organizas tus propios itinerarios. Las manzanas alrededor de tu casa por las que correteabas en tus primeros entrenamientos, se van quedando pequeñas, el barrio también. Buscas nuevos horizontes, nuevas fronteras a las que enfrentarte. Quieres más. Quedas con amigos de esta afición para correr por parques o rutas urbanas de dimensiones hasta entonces desconocidas para ti. Te ves llegando a sitios a los que nunca imaginaste que podrías llegar si no era con coche. Y te ves regresando a casa sano y salvo dándote cuenta de que has hecho todo eso con tus propios medios y con tus propias piernas. El gusanillo te está inyectando una especie de “toxina beneficiosa” que hace se te erice la piel al darte cuenta de todas estas cosas.

Un día te enamoras de unas determinadas zapatillas, las compras, y sabes que con ellas vas a volar. Las pruebas en tu siguiente carrera. Y ya, te salga como te salga, te sientes ganador, te sientes campeón, el mejor del mundo, porque con cada carrera, cada entreno sientes que te estás superando a ti mismo.

El gusanillo te ha devorado por completo y te sonríe feliz. Tú también lo eres. Inmensamente feliz.

Pasa el tiempo, los meses, las carreras van cayendo en el calendario. De pronto, acaricias un reto que te parece un sueño. Lo mimas, le vas dando forma. Te preguntas… “¿Y si yo…?” Acabas de empezar a soñar con algo grande. “¿Y si yo pudiera correr un Maratón?” Sueñas, sueñas, sueñas… le vas dando vueltas al asunto. Acaricias la posibilidad y la mimas con esmero. Planificas, siempre con ayuda, un correcto plan de entrenamiento para un Maratón a muchos meses vista. Te asesoras, te haces las pruebas de esfuerzo pertinentes y de sumerges por completo en ese sueño. Descubres que ese es tu reto. El Reto. Lo conviertes en el sueño de tu vida, en tu meta a lograr.

La preparación es dura pero la afrontas con ganas y optimismo. No te dejas vencer por los sinsabores que a veces te obsequia. Eres luchador. Eres ganador. Vas quemando etapas y el sueño está cada vez más cerca. Pasas unos meses muy duros de entrenamientos en los que tienes que pasar mucho frío, mucho calor, aguantando lluvias, vientos y hasta nieve algunas veces. Pero lo aguantas con estoicismo y con la fuerza que te caracterizan. Porque eres valiente, porque te quieres y porque sabes lo que quieres y vas a por ello. Con decisión. Con paso firme. Cueste lo que cueste.

Tomas la decisión de apuntarte a ese Maratón en el que debutarás. De nuevo, no hay vuelta atrás. Ves pasar los días y la fecha clave, el gran día, el día D que se te va echando encima. Hay nervios, siempre los hay, estás inquieto, emocionado, y hasta conmocionado cuando ves la dimensión que tiene aquello a lo que te vas a enfrentar. Pero no cedes. Estás ahí para eso. Es para lo que has venido. Es para lo que has hecho ese viaje de tantísimos kilómetros de entrenamiento en los últimos meses. Incluso has podido saborear lo que es la soledad del corredor de fondo. Esa señora de la que tantas veces se habla.

Vas a la Feria del Corredor a recoger tu dorsal y tu bolsa del corredor, y te encuentras un ambiente que te sobrepasa. Te impresiona tanto, que te das cuenta de qué es aquello en lo que te has metido. Alcanzas un estado de excitación y felicidad dificilmente explicables. Eres feliz. Sigues sabiendo lo que quieres.

Esa noche, la de la víspera… ¡Qué noche! Repasas todo una y mil veces. ¿Lo tengo todo? ¡La vaselina! ¡Que no se me olvide la vaselina! ¿Y los imperdibles? ¡Ya sabía yo que me faltaba algo! ¿Dónde los tengo guardados…?”

Por fin consigues acostarte. Cerrar el ojo es otra cosa, otra dura batalla. Por fin caes… Y al sonar el despertador, saltas como un resorte. “¡Me he dormido!” es lo primero que piensas. No, no te has dormido, has madrugado con más ganas que nunca, pero aún no lo sabes. Te duchas, desayunas y te preparas para salir.


Durante esos días, lo que antes era un gusanillo, ahora son mariposas que revolotean en tu interior. Sientes su cosquilleo por todas partes. En tu pecho, en el estómago, incluso a veces en la cabeza y en el corazón dependiendo del momento. Llega el día D. Pasas por la reunión previa con los amigos, ves como los nervios que muchos niegan hace soltar la lengua sin medida. Pocas veces se habla más que en esos minutos previos. Palabras, palabras, saludos, besos, y abrazos que se alternan con alguna que otra carcajada nerviosa que ayuda a romper esos nervios que lleva uno encima aunque lo quiera negar. Y no es por nada… ¡Es que es el gran día!

Intentas hacer el calentamiento lo mejor que puedes, pero sólo tienes en mente una cosa: la propia carrera.

Momento de ponerse en el inmenso pelotón de corredores que se colocan tras la línea de salida. Llegó el momento. Sientes salir mariposas por todos tus poros. Si no te dominas, hasta puede que se te salte alguna que otra lagrimilla. Tranquilo, también eso es inevitable.

Escuchas una cuenta atrás allí delante y… ¡Pistoletazo de salida! Aún no puedes moverte del sitio. Tardarás en hacerlo. La cantidad de corredores que hay delante de ti es inmensa. Pero tú sientes como si ya estuvieras corriendo y no dejas de saltar para no enfriarte. Por fin puedes dar unos pasos, luego ya un ligero trotecillo que gradualmente irá en aumento. Después de unos minutos ya puedes decir que estás en marcha y corriendo. Las mariposas de tu estómago se van aplacando. Ahora, lo que sientes es que estás en una nube. Todo lo que ves, tiene su puntillo de irreal. Porque alguna vez has podido verlo desde fuera y como testigo. Pero ahora lo estás viendo desde dentro y como protagonista. ¡Porque tú eres el protagonista! Ya no eres ningún invitado. ¡Eres el artista principal de aquello por lo que tanto has luchado!

Van pasando los kilómetros… Tardas en dejar de sentir que estás en una nube. Van cayendo los primeros kilómetros con una comodidad insultante. Algo que por otra parte es engañoso y hay que saber controlar. En ningún momento debes dejar de pensar que estás corriendo un Maratón y no un diez mil o un Medio Maratón. Si no controlas eso, puedes acabar pagándolo caro más adelante, Ritmo regular y constante. Sin alardes. Quieres terminarlo y puedes conseguirlo si controlas eso. Cabeza, cabeza, recuerda… Hasta el diez y hasta el veinte, te ves siendo el mismo de siempre. Te ves fuerte, seguro, capaz. Recuerda que hay algo infalible y es que a partir del treinta, es cuando empieza el Maratón. Y para eso, aún faltan diez. Dosifica las fuerzas, mantente firme pero siempre con cabeza. Te queda más de la mitad de la carrera. Y depende de cómo lo hagas a partir de aquí, para que siga siendo una fiesta o deje de serlo.

Te sitúo ya en el kilómetro treinta. Sé que eso es mucho correr, pero debo abreviar un poco. Ahora notas que tus fuerzas no son las mismas. Estas pisando terreno que ya es desconocido para ti. Traspasas una frontera nunca alcanzada hasta ahora por tus piernas. Empiezas a ver lobos y tiburones en cada recodo, que se empiezan a alimentar sin piedad de tu cansancio. Mal que bien, si te empeñas, logras darles esquinazo. Te sigues manteniendo firme. Llegas al mítico kilómetro 32. Sólo han pasado dos kilómetros, pero te han parecido algo más que eso. Los diez que quedan, también tienen otra dimensión. Es como si tuvieran un metraje distinto, un extra que los hace más largos. Has de ser valiente a partir de ahora. El Maratón acaba de comenzar para ti.

Dicen los entendidos que en el K32 es donde habita “el tío del mazo”. Algunos consiguen ni verlo. Yo soy de los que dicen que existe. Lo vi. De ti depende no verlo y darle un rodeo. Es implacable. Logra hacerte ver las cosas muy pero que muy negras si le dejas hacer lo que se propone. Tus pensamientos positivos han de ponerse en marcha a pasos más agigantados que tus zancadas. Sólo así conseguirás seguir adelante.

Estás en el kilómetro 35. Sientes pirañas mordiéndote las piernas. Vas agotando las fuerzas que te han mantenido para llegar hasta ahí. Y a partir de ahí has de tirar muy mucho de tu garra y de la reserva que te queda de voluntad y cabeza. Es fácil decirlo, pero hacerlo… sólo lo sabe el que está en la situación y ha llegado hasta ahí. ¡A tirar de nuevo de pensamientos positivos! Pensamientos que te motiven. Dale la importancia que merece a lo que has dejado atrás y no a lo que te queda por delante. ¡Piensa en eso! Sólo quedan siete kilómetros… Piensa: “¿Cuántas veces no habré hecho yo siete kilómetros entrenando?” ¡¡Muchas!! ¡¡Infinidad de veces!! De acuerdo, estos siete kilómetros no son los mismos de otras veces. No, no lo son. ¡Claro que no lo son! Pero siguen siendo sólo siete. Y son los que te separan de la gloria que has venido a buscar. ¿No merece la pena vencerlos? ¡Claro que sí! ¡A por ellos!


36, 37, 38… No, no te voy a decir que lo tienes hecho. Esa es la apariencia. No te voy a engañar. Ahora son hienas las que sientes mordiéndote los talones y desgarrando la alegría que te había acompañado hasta aquí. ¡Sé positivo! ¡Sacúdetelas de encima! ¡Enséñalas quién eres y con quién se la están jugando! ¡Tú puedes! Siempre hay alguien que te está esperando en la Meta. Métete eso también en la cabeza.


39… Las hienas quedan atrás. Ahora lo que vas a encontrar dinosaurios que descargarán sobre tus hombros todo su peso, dragones que te lanzarán llamaradas desde cada esquina. Incluso desde el suelo si el día es caluroso. Es cierto, parece que no tienes piernas ni para mantener tu propio peso… Piensa que como todo, es sólo una sensación. ¿Y dónde están las sensaciones? ¡En la cabeza! Esa es la que debe empezar a correr ahora, y no tus piernas. ¡Cabeza, cabeza, cabeza…!


Tres kilómetros para la gloria. Incluso menos y te diré por qué. Repítete la pregunta de antes. ¿Cuántas veces no has corrido tres kilómetros en tus entrenamientos? ¿Cuántas? Visualiza la meta, visualiza lo que son tres kilómetros en alguno de tus recorridos habituales… ¿A que consigues verlo de otra forma? ¡Pues claro! Adelante, desde que has empezado a ver esos tres kilómetros en tu barrio, ya has recorrido unos metros. Unos metros menos que te separan de la Meta.

Seguirás encontrando dragones a tu paso, pero...

Aplicándote, consigues llegar al kilómetro 40. Estás rozando la gloria con la punta de los dedos. ¡Dos mil metros te separan de ella! ¡Es tuya! ¡De nadie más! ¡Tuya! ¡La tienes ahí! Esperándote con los brazos abiertos. La hueles, empiezas a oler la Meta. Acoge los aplausos y los ánimos que te lanza el público. Se rinden ante tu esfuerzo y te admiran. Siente esos aplausos como pequeños empujones, porque te van a llevar hasta la Meta en volandas.

41… ¡Ahora sí que te lo digo! ¡Lo tienes hecho! ¡Lo tienes hecho! Cubre lo que te queda con tranquilidad. Es el kilómetro del disfrute. Y como te dije antes, mide menos que el resto. ¿Por qué? Porque a falta de 500 metros más o menos, desaparecen las malas sensaciones que hayas podido tener hasta ahí. Desaparecen por completo, y vuelven a reaparecer las mariposas en el estómago. Y sientes que renacen, que renaces. Ya no eres tú el que corre, es el público el que te lleva. Y te sorprendes a ti mismo apretando incluso el ritmo. Ves al fondo el arco de Meta y te lo quieres comer. Saludas aquí, allí… ves caras conocidas… quisieras abrazar a todo el mundo… Eso es la gloria. Disfrútala, porque se te quedará grabado para siempre y tu vida será distinta a partir de ahora.

Y cruzas la meta. Querrás gritar… ¡Grita! Querrás llorar… de alegría… ¡Pues llora! ¡Suelta lo que llevas dentro! ¡Has vencido! ¡Te has vencido a ti mismo! ¡Eres el Campeón! ¡Enhorabuena! ¡Has terminado tu Maratón!

¿Y sabes qué? Llegará el momento en que te olvides de toda la fauna que se te ha cruzado en la carrera... y querrás repetirlo. Por mal que lo hayas podido pasar, querrás repetirlo. Y por favor, haz una última cosa: nunca tengas en cuenta el tiempo invertido en tu primer Maratón. Quédate sólo con que lo has terminado, que es lo que realmente importa.

¡Enhorabuena, Campeón! ¡La gloria es tuya! ¡Eres Maratoniano! Y eso lo pueden decir muy pocos.



NOTA 2: Mi amiga Sonia cumplió hoy 17 de Abril su sueño de ingresar en la selecta élite de corredores populares que son Maratonianos. ¡Felicidades, Sonia! ¡Disfrútalo! Asesorada, entrenada y conducida por Satur, su padre, consiguió lograr su objetivo. Ha de saberse, que tanto ellos, como la mayor parte del equipo que forman el “Nunca correrás solo” son leoneses. Y Satur en particular, es un experimentado maratoniano aunque probablemente lo niegue.

NOTA 3: Especial recuerdo y dedicatoria a mi maestro y padrino de Maratón Rafael González Martínez y al buen baño de pensamientos positivos que se vió obligado a darme el año pasado, para someter a esos dragones que te empujan al abandono en ciertos momentos. Rafael me llevó de la mano hasta la Meta de Mapoma 2010. De ese baño de pensamientos positivos es de donde extraigo uno fundamental: “Cabeza, cabeza, hay que tener cabeza. Todo está en la cabeza. Lo malo, lo bueno, el cansancio, el dolor, el frío, el calor, el agotamiento, el agarrotamiento, el sufrimiento, las ganas de abandonar… Y en nosotros está el lograr desterrar todo eso cuando corremos”. Este año, con el oficio que le caracteriza ha cumplido con su 29º Mapoma. Siempre agradecido, maestro. Siempre serás un figura.

Y por supuesto, ¿cómo no recordar a mi amigo, a mi Míster? Miguel Rodriguez Sánchez. Un casi hermano que me entrenó con infinita paciencia el año pasado para completar lo que también era el sueño de mi vida desde que tenía menos de quince años. Enseñándome cuanto sabe y corrigiéndome cuanto había que corregir, que no era poco.
Esto fue un 25 de Abril de 2010. Crucé la Meta de mi primer Maratón en 4:50’, y puedo decir que fue toda una prueba para mí. Pero también algo que me llenó de orgullo y satisfacción, y que todavía hoy, un año después al recordarlo me pone la carne de gallina. Y quiero repetirlo el año que viene si es posible. Para ello me preparo desde hoy.
¡Gracias, Miguel!

José Carlos Ojeda García del Moral
- Conocido como Pepemillas en el mundillo de las carreras populares.
Madrid 16 de Abril de 2011.



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